Hace ya 30 años, a principios de los 80 , apareció esta consola, que hizo pasar a muchos de nosotros horas muertas en los recreos. Con unos movimientos predecibles sobre su pantalla de cristal líquido, Mario saltaba de plataforma en plataforma y saltaba barriles lanzados por el mono al que da título el juego. Sencillo, pero eficaz. Tan es así, que hoy nuestros hijos, siguen jugando con ellos, salvando las distancias tecnológicas.
Tampoco ha cambiado otra cosa: después de cada sesión con todas las cabezas juntas, nos traen nueva fauna: Phthiraptera (piojos).

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