Recuerdo hace años, en aquellos dias en los que algunos nos quedábamos a comer en el colegio, un compañero trajo unos cohetes pirotécnicos pequeños. En las dos horas que duraba nuestro recreo hasta el inicio de las clases por la tarde, nos daba para mucho. Algunas veces nos escapábamos escalando la puerta de los autobuses y entonces, o bien ibamos al parque, o al Pinball o bien éramos recibidos por la comitiva de profesores amigos del Bar Morán, que con "educación" nos metian al colegio de nuevo. A veces tratabamos de salir por la puerta prinicipal y Justo nos paraba en seco.
En fin, recuerdo un día que salimos del comedor y nos quedamos dentro del colegio. Para los que se quedaban en el comedor, os recuerdo que había profesores que acababan de comer, minutos antes que nosotros. Aquel día Morci, siguiendo su costumbre, se metía en el antiguo pabellón y se hacia fuerte, echándose la siesta en las colchonetas que estaban debajo de los graderíos.
No sé si recordareis, pero las esquinas de los cristales del pabellón, estaban rotas. Pues bien, a través de uno de esos agujeros, el compañero del cohete consiguió meter uno de ellos, lo encendio y el cohete salió disparado.
Con más suerte que puntería, consiguió que el cohete se metiese por la única de las tres puertas del habitáculo donde el profesor de Gimnasia reposaba en su clásico "tendido supino" e hiciese explosión.
Alcanzamos a oir un juramento, pero el terror del momento nos hizo salir corriendo. A partir de este punto, mis recuerdos son borrosos. Sé que nos pusimos a jugar a fútbol para disimular. A Morci le llevaban los demonios y patrullaba por el patio en búsqueda y captura de los responsables. Algún revuelo sí que hubo pero no paso a mayores.

No hay comentarios:
Publicar un comentario