Anécdotas: ¡Tapón, tapón, tapón!

Queremos recordar, aquella situación que se producía en las salidas al patio a través del túnel de vestuarios. Tanto si salíamos del comedor, de Misa o bajábamos de clase al recreo, a la voz de ¡TAPÓN! algunos se detenían a la salida de ese túnel y provocaban dos cosas: Por un lado, la marea de gente se detenía y acumulaba y todos nosotros, fustigados por la palabra, la repetíamos, mientras empujábamos en dirección contraria. El barullo era brutal. La segunda consecuencia era que un cura (del cual no me acuerdo su nombre), sacaba a pasear su capón mortífero y sin ningún miramiento desde atrás empezaba a disolvernos de una manera muy resoluta. Muchos recibimos ese golpe en la cabeza que todavía recuerdo como un dolor punzante. Por la cabeza del tapón, la cosa solía acabar con la rotura del bloqueo, la mayoría por el empuje de la gente y en otras por la presencia de Justo, que era más que disuasorio.

En general el tapón no pasaba de una mera trastada. Sin embargo, una vez vi como al romperse, las personas que empezaron el tapón, cayeron y fueron aplastados por el resto de los compañeros que no paraban de empujar: unos, que -por cachondeo- seguían avanzando, ya que desconocían la situación y, otros porque huían del capón asesino. Hubo momentos de angustia, ya que las personas que estaban debajo de aquel tapón, lo pasaron francamente mal. ¡Afortunadamente sobrevivieron todos!

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